Escuchar los aromas
Hace muchos años tuve la gran fortuna de intercambiar unas palabras con el compositor estadounidense Philip Glass, quien me dijo que la música debe tocarse y no permanecer en partituras silenciosas, acumulando polvo en las estanterías. Lo mismo podría decirse de los aceites esenciales: deben experimentarse, y no limitarse a leer sobre ellos en los libros y coleccionarlos en nuestras casas.
Uno puede leer acerca de las cualidades terapéuticas y estudiar la química de los aceites esenciales, pero es imposible recibir una comprensión sensorial —una huella personal de las características de la planta— hasta que interactuamos con ella.
Como creador de aceites esenciales artesanales —cofundé EssènciesCat en 2017—, me fascinan los territorios no verbales del aroma y de la conciencia vegetal. Como músico, valoro cómo la música puede ayudarnos a acercarnos al mundo no verbal del aroma, ofreciéndonos metáforas no verbales para comprender su acción y su movimiento, y para incorporar la «escucha profunda» a nuestra práctica personal de aromaterapia. Lucia Dlugoszewski nos dice:
«La primera preocupación de toda música es romper la indiferencia del oído, la insensibilidad de la percepción, crear ese momento de resolución que llamamos poesía, cuando nuestra rigidez se disuelve y renacemos, en cierto sentido, escuchando por primera vez.»
(Dlugoszewski).
Ahora sustituyamos las palabras «música» por «aroma» y «oído» por «olfato». ¿Cómo podemos oler como si fuera la primera vez? ¿Cómo pueden nuestros sentidos y nuestra percepción quedar «sacudidos» por la interacción con un aceite esencial?
La compositora Pauline Oliveros escribe sobre la Deep Listening, la escucha profunda:
«Oír es el medio físico que permite la percepción. Escuchar es prestar atención a aquello que percibimos. Lo profundo tiene que ver con la complejidad y con los límites, o los bordes, entre la comprensión ordinaria y habitual. La escucha profunda consiste en aprender a expandir la percepción para incluir todo el continuo espacio/tiempo, encontrándonos con su vastedad y complejidad tanto como sea posible.»
(Oliveros, 2005).
En lugar de «oler» los aceites esenciales, prefiero utilizar el término «escuchar»; me parece más expansivo. La «escucha profunda» se refiere a abrir la percepción hacia un lenguaje no verbal y hacia una conciencia no humana: el lenguaje de las plantas y de sus aromas. Aplicamos nuestra capacidad imaginativa para establecer un diálogo no forzado con el reino vegetal y sus esencias.
Tanto el aroma como la música «nos hablan» mediante impresiones, desencadenando respuestas emocionales y físicas. Nos abrimos y nos volvemos «más yin»: receptivos, sin intentar hacer nada. Suceden «acontecimientos», se despliegan paisajes que se transforman en portales hacia mundos sin palabras cuya vitalidad no está limitada por el tiempo y el espacio, la materia y la mente. Se producen cambios en nuestra percepción, en nuestros conceptos, en nuestra comprensión y en nuestra capacidad de recibir intuiciones que van más allá de nuestro estudio y nuestra lógica.
Después de una olfacción prolongada —entre 20 minutos y una hora— de escucha profunda de un aceite esencial, reflexionamos sobre nuestra experiencia, que puede traducirse en imágenes poéticas de la compleja naturaleza química y del carácter del aroma.
Imaginación activa
Sharon Blackie (2019) habla del mundus imaginalis, «el mundo imaginal», un término inspirado en el sufismo que considera el mundo de las imágenes situado entre nuestros sentidos y nuestro intelecto tan real como cualquiera de ellos.
«El mundus imaginalis es el lugar del que procede toda experiencia espiritual y trascendente. Es la fuente de las sincronicidades, de las experiencias “psíquicas” y de las intuiciones creativas; penetra en nuestros sueños y en otras experiencias visionarias.»
(Blackie, 2019).
También podemos adoptar formas de relación menos «activas» con la mente. La contemplación y la ensoñación son maneras silenciosas de incorporar suavemente los aromas. Antes de que nos demos cuenta, aparecen las sincronicidades, el mundo cobra vida y percibimos algo que está más allá de aquello que estamos «viendo».
Elegimos entrar en el ámbito de un diálogo profundo. Así es como vivían nuestros antepasados. Ahora lo llamamos extraño o extravagante. El misterio comienza a susurrarnos. ¿Está dentro o fuera de nosotros? No importa. El susurro permanece. La memoria se ha perdido. Recordamos que hemos olvidado.
Un ejemplo práctico
En el espacio de nuestra destilería, en EssènciesCat, creamos en 2023 «Rizoma, Centro de Artes Sanadoras», para ofrecer experiencias inmersivas y aromáticas. Una de ellas fue un taller de acuarela y aroma centrado en el hinojo.
Comenzamos la mañana bajo el calor del exterior, observando y contemplando la planta: dónde crece, qué luz y qué tipo de suelo prefiere, la actividad de insectos y pájaros sobre ella, los caracoles y las larvas de mariposa escondidos entre los tallos que brotan.
Observamos la arquitectura de la planta, su geometría, su textura, su tacto, su flexibilidad y su sabor. Escribimos y dibujamos rápidamente, sin pensar, hasta elegir una parte de la planta que cortaríamos y llevaríamos al interior. La colocamos de la manera que nos parecía más adecuada y comenzamos dibujando el contorno a lápiz, antes de aplicar primero colores pálidos e ir aumentando gradualmente la intensidad de la tinta para no destruir nuestro trabajo artístico.
Mientras tanto, el hinojo se evaporaba desde el difusor situado en el centro de la mesa y había una tetera con una infusión caliente de hinojo. Una vez terminadas las pinturas, hubo tiempo para que algunos participantes se dejaran llevar y crearan pinturas improvisadas inspiradas en el hinojo. Terminamos compartiendo nuestras pinturas y las sensaciones de aquello que habíamos experimentado.
Después leí sobre el hinojo en un libro de aromaterapia, y todos quedaron asombrados al descubrir que aquello que habían sentido y «escuchado» mediante la contemplación, la observación, una comunión sutil y una olfacción prolongada —a través del difusor, sin concentrarse plenamente en el aroma mientras pintaban— coincidía exactamente con las palabras de los libros.
Todos habían percibido y comprendido las cualidades terapéuticas del hinojo sin haberlas «aprendido» en el sentido tradicional, sino sumergiéndose en un diálogo no verbal.
Christian Escrivá, del «Enfoque Sensorial» y fundador de «Le Gattilier», utiliza olfacciones prolongadas de un aceite o una tintura madre en sus seminarios para investigar el género de una planta.
(Género aquí significa el ser, la esencia o el alma de la planta. Por tanto, se trata de algo diferente de lo que normalmente entendemos por género en términos botánicos, como categoría situada entre la familia y la especie.)
Después de una olfacción, el grupo comparte observaciones procedentes del cuerpo, las emociones y la mente, así como colores e imágenes. Siempre existen correlaciones entre los diferentes observadores, y así se crea un mapa de la planta, en el que cada persona contribuye a definir su contorno, sus formas y su movimiento.
Por ejemplo, estudiamos juntos Helichrysum italicum en Rizoma y todos «vimos» su luz dorada, experimentamos una sensación de estar envueltos, calor alrededor del corazón, una calidez maternal y referencias al trauma generacional.
untos recibimos la confirmación de que nuestra intuición es real y que podemos confiar en ella. La relevancia del estudio en grupo queda clara cuando compartimos nuestras percepciones personales y podemos contemplar juntos las versiones multidimensionales del género de la planta, revelando una comprensión más profunda de su totalidad.
Describir los aromas de forma no verbal
¿Y si realmente existiera un diálogo entre las plantas y los seres humanos que pudiéramos recuperar de nuestras raíces ancestrales? Nuestra intención es profundizar en nuestra comprensión y, por tanto, en nuestra relación con los aceites esenciales.
Queremos acercarnos a la fisiología de la planta, a su simbolismo, su química, su carácter aromático y sus usos terapéuticos. ¿Cómo podríamos describir todo esto sin palabras? ¿Podemos utilizar el lenguaje no verbal de la música para integrar nuestro conocimiento en una experiencia que deje una huella duradera?
Cuando escuchamos música, entendemos que es triste, alegre, triunfal, etc. Comprendemos estos mensajes de manera subconsciente porque durante los siglos XVII y XVIII se desarrolló un lenguaje musical dentro de un estilo conocido como barroco.
Compositores barrocos como Vivaldi, Bach, Händel y Rameau desarrollaron complejas reglas que debían seguirse para ejecutar una composición. Las melodías tienen significado porque el espacio entre cada nota transmite una emoción diferente. Las tonalidades también tienen significado. Por ejemplo, Re mayor representa la victoria —pensemos en el coro de Hallelujah—, mientras que Re menor representa la melancolía femenina. Existe un simbolismo diferente para cada una de las 24 tonalidades.
La armonía nos lleva de viaje, lejos de casa, explorando otros colores y regresando después. Cada instrumento tiene un carácter: el violonchelo melancólico, el violín ardiente, los metales que aportan pompa y energía.
Los compositores barrocos eran artesanos al servicio de sus empleadores —la Iglesia o la nobleza—. Poner música a un texto para ocasiones especiales, de manera que sus empleadores y sus congregaciones pudieran comprender y recibir el significado, a menudo espiritual, de la ocasión, era de suma importancia.
¿Y si utilizáramos precisamente este lenguaje para reflejar el movimiento, la historia y la medicina del reino vegetal?
La música es capaz de describir paisajes emocionales, historias épicas y sensaciones físicas.
Tomemos un aroma intenso como el orégano (Origanum vulgare). Un fenol. Fuego. Rabia. Un movimiento denso y descendente, erupciones volcánicas.
Tomemos una gota y escuchemos la interpretación que Il Giardino Armonico hace del Verano de Vivaldi.
En la mentalidad barroca, el violín representa al diablo. El aroma es denso. La música también. La suave apertura de las escalas descendentes en terceras se ve interrumpida por violentas erupciones de calor.
El calor mediterráneo, sofocante, se ve alterado por las tormentas cálidas del verano.
Volvamos a esas terceras: escribir «en terceras» era una herramienta compositiva para reforzar una melodía; del mismo modo que el carvacrol y el timol, al trabajar tan bien juntos, potencian la acción del orégano.
Esas erupciones recuerdan la acción del orégano sobre los microorganismos, haciendo estallar la bicapa lipídica de la membrana celular de las bacterias y provocando fugas de lava de su contenido vital.
Después de la liberación ardiente de la rabia, no es extraño replegarse ante una disminución de la fuerza inmunitaria. La soledad expresada por el violín solista en el movimiento adagio, con los recuerdos de aquella horrible discusión siempre cerca —expresados mediante el trémolo de la orquesta—, captura maravillosamente nuestra desesperación después de un debate acalorado o de un estallido.
(Prestad atención y estad alerta ante la manera en que el cuerpo expresa la rabia después de una explosión o cuando esta no se expresa).
El furioso movimiento final expresa la energía explosiva del orégano, su calor y su tremendo poder para irrumpir hacia fuera.
ncluso sin ser especialistas en música, estoy seguro de que la mayoría de las personas pueden escuchar la música que existe dentro del aroma. Por eso puede ser tan útil utilizar la música como metáfora para «escuchar» el movimiento y el carácter de los aromas.
Podemos empezar a vibrar con los aromas y las plantas. Incorporamos su lenguaje no verbal al nuestro. Resonamos juntos.
Aromaterapia: una práctica espiritual
Al administrar esencias vegetales a nuestros clientes, amigos y familiares, animamos a otras personas a crear una relación sensorial y significativa con las plantas que profundice su proceso de sanación.
Es a través de la conexión como sanamos.
Somos capaces de crear una relación con cualquier cosa: nuestro coche, nuestra mascota, nuestro café, nuestra máscara de pestañas, nuestro teléfono y, por supuesto, las pastillas. Se llaman drogas.
Las plantas no son drogas. Son medicina.
Pueden ser sagradas, estar en peligro, ser desafiantes, despertar algo en nosotros. La salud nace de una relación saludable con uno mismo, con los demás y con nuestro entorno.
Al ofrecer una experiencia de escucha profunda de una planta, estamos creando un espacio para que pueda comenzar una relación personal entre el paciente y la planta.
Cuando estamos en presencia de un aroma, esperamos romper la dureza de nuestra percepción, crear ese momento de resolución que llamamos poesía, cuando nuestra rigidez se disuelve y renacemos, en cierto sentido, oliendo por primera vez.
Así que sintonicemos con las plantas y sus esencias y armonicémonos con ellas. Vibremos con ellas.
Escuchémoslas profundamente, escribamos poesía inspirada en ellas, pintémoslas, bailemos con ellas en un diálogo creativo y sin pensamiento que exprese su lenguaje no verbal de una manera más profunda, mientras resuenan dentro de nosotros.
Referencias
Oliveros, P. (2005). Deep Listening, A Composer’s Sound Practice. USA: iUniverse.
Blackie, S. (2019). The Mythical Imagination. Disponible en la página web de Sharon Blackie.